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 Cultura :: Arte
 
Escultura

En Bolivia se conservan pocas imágenes del siglo XVI. Existen noticias de escultores así como de las obras que realizaron, pero casi ninguna de estas obras documentadas ha llegado a nosotros. De hacía 1570, y sevillana, es la magnífica Virgen de la Candelaria de la Catedral de La Paz. Esta es una imagen sedente, tallada en madera, dorada y policromada; la Virgen en posición frontal tiene sobre las rodillas a su Divino Hijo, que se muestra con el torso desnudo según el gusto del renacimiento.

El escultor más conocido de Bolivia es Francisco Tito Yupanqui, autor de la Virgen de Copacabana. Yupanqui nación en Copacabana hacia la sexta década siglo XVI, siente desde su juventud una vocación artística decidía, qkue él mismo explica en su autobiografía. Vocación que con el correr de los años derivó en un sentimiento religioso muy fuerte. Yupanqui murió como lego agustino en el convento que tenía la orden a su pueblo natal. Siendo Francisco muy joven y habiendo dado muestras de su vocación de escultor, su hermano Alonso, que era cacique del lugar, viajó con él a Potosí a fin de acomodarle en algún taller. Después de varios tanteos el joven indio entró en el estudio del escultor Diego Ortiz. Yupanqui estuvo en Potosí un par de años estudiando el arte con este maestro. Al salir del taller talló una Virgen de madera, tomando como modelo a la Virgen de la Candelaria de santo Domingo. Después de varios ensayos y sonados fracasos, lograron la imagen definitiva dirigiéndose a La Paz. Allí se estableció en el taller del pintor Vargas, que por entonces (1582) estaba dorando el retablo de la primitiva iglesia de San Francisco. Yupanqui sirvió de ayudante al dorador español a condición de que éste policromada la imagen tallada por él. Terminado el trabajo el indio escultor se marchó a Copacabana, donde después de varias vicisitudes pudo entronizar la imagen de la Virgen de la Candelaria, que sin duda es la más venerada en Bolivia.

La imagen de Copacabana, por el material usado (maguey) y la técnica en que fue ejecutada, entroncada con la tradición indígena pero en su estilo, responde a los cánones de la escultura española de la época. En actitud frontal, sostiene al niño con la mano izquierda, mientras con la derecha empuña la candela y una cestilla con dos palomas. La mejor parte de la escultura es el niño que en actitud retozona parece querer escapar de los brazos de su madre. Yupanqui supo imprimir al rostro de la Virgen hieratismo y majestad.
No fue ésta la única imagen de Yupanqui, tomándola como modelo hizo la Virgen que actualmente se venera en el Santuario de Cocharcas (Perú), fue llevada allí por el indio Sebastián Quimichi, quien encargó y pagó la obra del año 1598. Igualmente talló otra imagen hoy desaparecida para el pueblo de Pucarani y otra que fue enviada a Tucumán.

Se hicieron muchas copias de la Virgen de Copacabana, restos de una imagen de este tipo se hallan en la iglesia de San Lázaro de Sucre. En la parroquia de Yotala, en el departamento de Chuquisaca, existe también otra imagen de La Candelaria. Aunque su parte superior está muy maltrecha se puede decir que fue una hermosa talla del siglo XVI, está firmada al pie por su autor, el indio Diego Quispe Inca.

Entre los seguidores de Yupanqui está el indio Sebastián Acostopa, autor de un retablo (1618).
Contemporáneos a Tito Yupanqui son los escultores Andrés y Gómez Hernández Galván, autor del retablo mayor de La Merced de Chuquisaca (1583). Su estilo tanto en lo arquitectónico, como en la parte de escultura muestra el renacimiento en su plenitud, Gómez Hernández, además del trabajo de Chuquisaca, que ejecuta en compañía de su hermano Andrés, trabaja en Lima en el retablo d la Catedral (hoy perdido) y en la sillería de la que quedan algunas tablas. A través de ellas vemos un arte depurado dentro de los lineamientos del manierismo.

Figuras alargadas y finas con gran expresividad. A Gómez Hernández puede atribuirse el magnífico retablo de Ancoraimes, pueblo situado a alas riberas del Lago Titicaca.
Este manierismo del que hace alarde Galván fue introducido por algunos italianos como Bernardo Bitti, quien además de ser pintor se dedicó a la escultura, trabajando en Juli, también a orillas del Lago Sagrado. Otro italiano que rebaja en Charcas es José Pastorello, autor del primer retablo ade La Catedral de Chuquisaca (1604), del que sólo queda el diseño. A través del él podemos ver cómo el manierismo romano atuvo gran aceptación en esta parte de las Indias.

En Sevilla se introduce el realismo a partir de la obra de Juan Martínez Montañes. Es conocido el envío de obras de este maestro a América, especialmente a México y al Perú. Ninguna de ellas de mayor autenticidad que la "Pequeña Inmaculada" de una vara, que se halla len La Catedral de Oruro, firmada por Montañes y traída hasta la Villa de San Felipe de Austria. Es la mejor pieza de escultura virreinal, existente en Bolivia.

La influencia de Montañes y del realismo sevillano se hace más patente con la llegada a estas tierras de un discípulo del maestro sevillano: Gaspar de la Cueva. Nació este artista en 1588. En 1612 ya era maestro del arte de la escultura. Al año siguiente parte a indias en compañía de su mujer y u criado. Aparece en Lima hacia 1623. En esa fecha participa con los escultores Noguera y Mesa en la puja para la adjudicación de la sillería de la Catedral de Lima. Deja lima en 1629, rumbo a Charcas, donde encontramos varias de sus obras. Estas se han podido documentar gracias a alas referencias e Arzanz y Orzua y Vela el historiador de Potosí, y a las firmas que acostumbraba a poner Cueva en sus esculturas. Todas son de estilo montañismo. La más célebre de su época debió ser la efigie "Cristo Crucificado des Burgos" que hizo Cueva para la iglesia de San Agustín de Potosí. Obra de gran belleza plástica es el Cristo atado a la Columna que hoy está en San Lorenzo de Potosí. En conjunto, Gaspar de la Cueva, fino tallista y conocedor de su oficio, ha creado un grupo inimitable de obras que superan la obra de los escultores españoles radicados en Lima. Como escultor de valía tuvo muchos imitadores.

Algo más apartado de Montañes, se nos muestra Luis de Peralta que firma un Cristo crucificado que se halla hoy en el Asilo de Ancianos de Potosí. Esta imagen resalta más la musculatura que las de la escuela sevillana. Cristo similares al reseñado es el de San Martín y el de San Sebastián de Potosí.

La influencia cuzqueña penetra en el Alto Perú con las obras de Julián, un artífice cuzqueño que hacia 1650 envía una candelaria, imagen de vestir, que aún hoy se ve en la Parroquia de san Martín de la Imperial Villa.

Ambas tendencias, la de Sevilla y la del Cuzco (algo más la primera) se ven en la obra del escultor indio Diego Quispe curo, quien en 1657 firma un Cristo atado a la Columna que se halla actualmente en la iglesia de la la recoleta de Sucre. De tamaño natural presenta posición similar al de San Lorenzo de Potosí, aunque más agachado. Mucho más estilizado y sin acuse de anatomía nos muestra como sentían los indios el arte europeo.


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