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 Cultura :: Folklore
 
Danzas Populares

Para el indígena boliviano la danza es una necesidad vital, a mas de significarle una mística. "Bailan cuando se alegran como cuando tienen penas, por propia voluntad, o por mandato de sus autoridades", observa agudamente un sociólogo que conoció profundamente el alma nacional. Esta raza ha encontrado en el baile estimulo para continuar superviviendo y consuelo a sus innumerables tristezas, por ello en las soledades altiplánicas o en las oquedades, vallunas, no es raro que crucen al viajero, indígenas danzando sea por motivo de matrimonio, bautizo o entierro.

Nuestras danzas folklóricas tienen raigambres profundas en la cultura kolla; lamentablemente escasos son los antecedentes que puedan servir para historiarla. Lo poco genuino que queda de ella, con el transcurso del tiempo, las influencias foráneas y el poco caso que hicieron de esta heredad cultural caliosa los mestizos y blancoides del país, va desapareciendo o mistificándose.

Bertonio, referente a la danza en el área aymará, asevera que "muchas maneras tienen los indios que baylar aquí", y esta es la verdad indudable la amplía dando una lista de vocablos aimarás, nombres de danzas que mas llamaron la atención de las que solamente dos sobreviven hasta ahora: el Khochu y el Huayño, los demás nos son desconocidos. Bertonio cita: "Aymatha, Sokhata, Apal-apaltatha, Sifaquirquita, Chia-chiata, Hucchfa, Huallatha, Llullumitha, Makheta, Mirkahuayñufitha, Quefuatha, Hayllitha, Quirqhuita, Sacapaniquirquitha, Taquita, Kehutha", Lista muy demostrativa, pese a que el mismo autor declara no tomar muy en cuenta esta faceta cultural por conceptuarla "cofa que tan poco importa"

Siguiendo al mismo Bertonio, trataremos de dar una idea de algunas de esta danzas:

"Aymatha: Baylar al modo antiguo, efpecialmente quando vá a las chácaras de fus principales", o sea era danza de carácter ceremonial, de revenencia a sus superiores.
"Sokhata: Baylar la gente principal y cantar con mucha mefura", Deriva del vocablo aimará Sokha, que el mismo autor traduce por "Sarao de Maycos" danza destinada a la categoría social superior, a los mallkus o príncipes kollas, a aquellos que durante la colonia española, impropiamente se los denominaba Caciques, era baile de corte.
"Apalapaltatha: Baylar mucho pifando el fuelo y temblar los ramos y otras cofas", danza ágil, frentetica, perteneciente al grueso pueblo, en la cual no tomaban parte los príncipes, quienes segun la relación de muchos cronistas, bailaban con moderación en los pasos y movimientos.
"Llullumitha: Andar muchos tomandofe dela manta, el fegundo al primero, el tercero al fegundo cuando van camino, como por entretenimiento. Y también lo hazen aunq´no vayan folo por holgura", Danza ambulatoria que hoy es figura del huayño y que los indígenas utilizan para avanzar por los senderos riscosos del campo, al son de música autóctona.
"Makheta", también denominada en ese tiempo "Cahuata: Baylas tomdofe de las manos en rueda hombres folos, o con mugeres cantando", modo común de danzar entre los indígenas de hoy, y en algunos lugares aun lo hacen con mujeres cantando. Indudablemente que en muchas de estas danzas el hombre originario fue sustituido por otro durante la Colonia, que generalmente no significaba nada o no tenia ninguna relación con la danza.
"Quefuatha: Baylas una rueda de hombres entreuerados con mugeres, o folo las mugeres entre fi"
"Quirquitha", nombre de la danza que segun su descripción de Bertonio consiste en "Baylar, brincar, pifando con velocidad el fuelo", acompalados de cascabeles. Esta danza en el referido diccionario tiene dos acepciones más, que en cierto modo son descripciones de su coreografía:
"Quirquitaatha: hacer baylar a otro, como que´do la madre tiene fu niño fobre las rodillas, y le hze dar brincos por holgarse"
"Quirquinacatha: Dancar discurrie´do de una a otra parte".

En otro capitulo inserta los termino de Chillchi como nombre de una danza, Chillchiri del individuo que ejecuta tal danza, y Chillchitha el gerundio del vocablo. Si en este documento fehaciente, como es el diccionario de Ludovico Bertonio, se hace mención de tantas danzas, se deduce que los kollas tuvieron en su haber cultural diversos bailes, cada uno de singular carácter y para ocasión determinada, razón el que no hacen comprender ese profundo amor a la danza que aún supervive en el indígena.

Mas tarde, los cronistas españoles en innumerables legajos sobre la cultura del imperio incaico, relatan algunas danzas observadas en este imperio. Todos están de acuerdo en que la danza se cultivaba con esmero y que había cierta depuración continuamente, en razón de representar dentro de la organización una necesidad social. No había una sola festividad religiosa o de orden social que no alternara con danzas, así refieren los cronistas consultados.

Hubo danzas de carácter ceremonial como la que cita Cristóbal de Molina en Ritos y Fábulas de los Incas, que se la ejecutaba en ocasión de ungir caballeros a los mancebos del país. El nombre de dicha danza - Según Molina- era Huari. También tenían festivas, semejantes a nuestros carnavales que "Arraiga las denomina Ayrihua, y que el estudioso Ernesto Morales explica "era a la manera de nuestro bailes de mascaras del carnaval", que se la bailaba con cantos y movimientos como "jolgorios que se entregaban después de la recolección de los granos en las piruas (trojes, depósitos)" . Una de las características de las danzas kollas e incaicas es que en general eran acompañadas por estrofas de canto. Bertonio asevera que "Baylar y cantar fiempre van juntos"

Guaman Poma de Ayala, aunque confusamente, menciona algunas danzas que se bailaban en las cuatro porciones del territorio incaico o Tahuantinsuyu, por ejemplo de los kollas apunta quirquina, collina, aymarana; esta ultima para Posnansky es la expresión poética y la música, eran partes complementarias de las danzas autóctonas.

Bernabe Cobo, insigne cronista español, describe una danza de carácter ceremonial que se la ejecutaba en la fiesta del Raymi. La coreografía o parte de ella que relata es significativa. Por su simbolismo parece que es una danza en loor a la fecundidad, motivo cultivado milenariamente en todos los grupos humanos. "Empezaban tras esto -escribe el cronista - con gran regocijo un baile llamado yaguayra, que duraba dos días", ampliando la información así "toda la gente del baile iba a su casa que estaba junto al templo del sol, y sacaban una soga muy larga que allí se guardaba, hecha de cuatro colores: negro, blanco, bermejo y leonado, que parecía culebra y tenia por cabeza una bola de lana colorada. Traíanla bailando asidos todos de las manos della, los hombres a una parte y las mujeres a otra. Al entrar por la plaza hacían los delanteros reverencias a las guacas y al Inca, y lo propio iban haciendo todos como iban siguiendo. Daban una vuelta alrededor de la plaza, y cuando se iban juntando los que iban asidos de los cabos de la soga, se entremetían y doblaban, prosiguiendo su baile con tal orden, que lo acababan hecho un caracol, y soltando todos a uno la soga, quedaba enroscada en suelo en forma de culebra". Esto en lo referente a la danza propiamente dicha; ahora veamos como describe el atuendo: "Eran unas camisetas con el ruedo guarnecido de una franja blanca y con flecuras blancas por remate, y en la cabeza plumas blancas de unos pajaros llamados toco. Acabado el baile, daban un cordero para que lo sacrificasen por la dicha soga, y los restante deste día gastaban en beber y holgarse".

Juan de Betanzos en Suma y Narración de los Incas, habla de muchas fiestas pero no cita ningún baile, describe trajes raros que seguramente eran atuendos de danzas y ceremonias, a las que segun otros cronistas siempre seguía el baile y el canto. Cieza de Loen, tan verídico y meticuloso para describir el Imperio Incaico, muy suscitamente dice de fiestas, refiriendo con mayor interés la Hatun Raime, que segun el duraba "quince a veinte días, en los cuales se hacían grandes taquis y borracheras", pero no da mayores datos sobre las danzas y al igual que Bertonio cuando habla de los Kollas "hace poco al caso y antes conviene que no se trate de contar los desvaríos y hechicerías" que se ejecutaban en tales fiestas.

Fray Martín de Morúa, también da algunas noticias sobre danzas indígenas que había observado en estas tierras del Tahuantinsuyu y cita dos que los indios las bailaban aprovechando la fiesta de Corpus y que pertenecía a la época del incario, denominadas "las danzas de Llama-Llama y las Guacones, y otras conforme a sus ceremonias antiguas en lo cual se debe mirar mucho" agrega.

Pero en realidad quien trata con mas cuidado e interés el tema de los bailes incásicos, y comprendiendo sus cuatro porciones territoriales, es el Inca Garcilaso de la Vega: "Es de saber que todas las provincias del Perú, cada una de por sí, tenia manera de bailar diferente de las otras, en la cual se conocía cada nación, también como en los diferentes tocados que traían en las cabezas. Estos bailes eran perpetuos, que nunca los trocaban por otros. Los incas tenían un bailar grave y honesto, sin brincos ni saltos, ni otras mudanzas, como lo hacían los demás. Eran varones que bailaban, sin consentir que bailasen mujeres entre ellos; asíase de las manos, dando cada uno las suyas por delante, no a los primeros que tenían a sus lados, sino a los segundos, y así las iban dando de mano en mano, hasta los últimos, de manera que iban encadenados. Bailaban doscientos y trescientos hombres juntos, y más según la solemnidad de la fiesta. Empezaban el baile apartados del príncipe ante quien se hacia.
Salían todos juntos; daban tres pasos en compás, el primero hacia atrás y los otros dos hacia adelante, que eran como los pasos que en las danzas españolas llamaban dobles y represas; con estos pasos yendo y viniendo, iban ganando tierra siempre para adelante, hasta llegar en medio cerco donde el Inca estaba. Iban cantando a veces ya uno, ya otros, por no cansarse ni cantasen todos juntos; decían cantares a compás del baile, compuestos en loor del Inca presente y de sus antepasados y de otros de la misma sangre que por sus hazañas, hechas en paz o guerra, eran famosos. Los incas circundantes ayudaban al canto, porque la fiesta fuese de todos. El mismo rey bailaba algunas veces en las fiestas solemnes por solemnizar más".

Otro sacerdote también se ocupa con detenimiento de las danzas que existía en estas tierras en la época del incario; el padre Joseph de Acosta en su "Historia Natural y Moral de las Indias", libro que se publico en Sevilla el año 1590. Acosta refiriéndose al Perú, "vi también mil diferencias de danzas, en que imitaban diversos oficios, como ovejeros, labradores, de pescadores, de monteros; ordinariamente eran todos con sonido, paso y compás muy espacioso y flemático. Otras danzas había de enmascarados, que llaman Guacones; y las máscaras y su gesto eran del puro demonio. También danzaban unos hombres sobre los hombros de los otros, al modo que en Portugal llevan Pelas, que ellos llaman. De estas danzas la mayor parte era superstición y genero de idolatría, porque así veneraban sus ídolos y guascas por lo cual han procurado los prelados evitarles lo mas que pueden semejantes danzas, aunque por ser mucha parte de ella creación pura, les dejan que todavía dancen y bailen a su modo. Tañen diversos instrumentos para estas danzas: unas como flautillas o canutillos; otros como tambores; otros como caracoles: lo mas ordinarios es en voz de cantar todos, yendo unos odos diciendo sus poesías, y acudiendo los demás a responder con el pie de la copla".

De la revisión ligera a la obra de los pocos cronistas citado, que dan suficientes elementos de análisis, se concreta que durante los varios periodos históricos que vivió la raza kolla, el culto a la danza ha representado para ella un todo, pleno de telurismo, significación social y precepto religioso. Esta es la herencia ancestral que ha recibido y que la cultiva actualmente con la misma pasión y jubilo que sus antepasados en remotas épocas.

Después de 1825, el indígena había quedado en igual o peor situación social que durante el gobierno español. Continuaba siendo el mismo para el coloniaje y para él la independencia y el paso a la república no fue sino un cambio de autoridades más crueles que las anteriores. Si en el transcurso de la Colonia hubo algún interés pro conocerlo, en la república para criollos y mestizos solo representaba la bestia fácil de explotación.
Por ello no se tiene una noticia cierta sobre sus costumbres y actividades de ese tiempo. Para este olvido también tenia parte la política conspiratoria en que se debatía Bolivia, que a la ciudadanía no daba tiempo de ocuparse de otra cosa que no fuera conspirar, encumbrar caudillos y derrocarlos. Etc. Mientras tanto, el indígena, ajeno a toda actividad nacional de la nueva república vivía solo, con sus costumbres milenarias, mascullando su desventura y hablando su propio idioma, tratando, en lo posible, de evitar contacto con el blancoide y mestizo. Por estas razones que en Bolivia como en ninguna otra república sudamericana se hubiera mantenido hasta ahora las costumbres nativas con alguna pureza, y en la actualidad nuestro país fuera un ejemplo por su rico folklore.

Con referencia a las danzas autóctonas, no tenemos noticias de algún escritor boliviano que se hubiera ocupado de estudiarlas hasta 1898, año en que se publica un trabajo sobre danzas de la provincia Muñecas del departamento de La Paz, en la revista de la sociedad geográfica de dicha ciudad y debido a la acuciosidad del entonces joven investigador don M. Rigoberto Paredes. Antes, solo los extranjeros lo hicieron, como Alcides D'Orbigny, sabio viajero en nuestro país, hace hincapié tanto en las danzas del oriente boliviano como en las existentes entre los aimarás. Cuando se refiere a Santa Cruz de la Sierra, cita danzas de salón: la Contradanza española y las "danzas indígenas y de origen salvaje". Refiriéndose a las autóctonas escribe "se bailo el quituriqui, el catonapapa y el tamaosis, esta ultima danza es una especie de juego lucha, en que dos indios tratan de quitarse mutuamente las bailarinas que defienden, manteniéndose en fila tras de si. En general estos cantos y bailes son muy monótonos, aunque tenga ritmo bastante rápido".

Es de advertir que el oriente boliviano impresiono al sabio francés y pinta hasta con donaire las costumbres y usos de aquella región en tal tiempo. A su paso por Santiago de chiquitos, dice que los "guarañocas son los más alegres de la provincia. Han creado casi todas la danzas nacionales. De esto me convencí en los bailes que realizaban todos los día, desde nuestro arribo. Esta danzas imitativas casi todas se acompañaban con una música viva aunque poco variada, durante cuya ejecución los bailarines forman figuras distintas. Entre dichas danzas, algunas me impresionaron por su originalidad. En una de ellas un viejo guarañoca, unido de una calabaza llena de maíz, se ubico en medio de las mujeres, cantando y bailando de manera singular, que las mujeres repetían. Ya avanzaban en filas, saltando, con los cuerpos inclinados hacia un lado, como se volvían de pronto e inclinaban del lado puesto como si hubieran sembrado o labrado. Otras veces se trataba de figuras demasiado expresivas; otra, se quejaban, en sus cantos, de que la hormigas las devoraban y entonces, bailando parecían rascarse. A menudo, en el calor de su baile, parecían olvidar el sitio en que hallaban, tomando las cosas muy al natural, y buscando con excesivo cuidado el insecto inoportuno se levantaban el tipoy descubriendo el cuerpo. Esta danza, mímica es la que representa la cosecha del Pavi, gran coloquinto de fruto comestible, como nuestras calabazas europeas, que crecen en los bosques, trepando a las ramas y produciendo en otroño frutos que por todas partes aparecen colgados de los arboles. En esta danza las mujeres gritando Pavi, Pavi, alzan los brazos al aire, como para asir el fruto y saltando para alcanzarlo adoptan toda clase de posturas. Pronto, cantando y bailando se apoderan de alguien del publico, lo alzan y en un momento queda suspendido por sus manos levantadas; extendido así, lo asean dando la vuelta a la sala, lo sacuden a mas y mejor y le hacen cosquillas para que se mueva mas".

Las danzas del área kolla, propiamente aimara, D'Orbigny las describe de esta manera: "me asombró el conjunto de burlesco de los disfraces de cada banda de danzantes y la originalidad de ese vestido. Unos tenían en la cabeza un monumento de plumas de avestruz tan alto como sus cuerpos, otros llevaban una máscara enorme, que sostenían levantando el brazo. Cada banda, compuesta de ocho a diez individuos, estaba formada de seis a ocho músicos y de dos bailarines. Los músicos tenían en la mano izquierda, sea una flauta de tres agujeros, sea flautas de diversas octavas, mientras que, con la derecha golpeaban acompasadamente sobre un tamboril chato y ancho, colgado del lado izquierdo. Con esos instrumentos formaban acordes, o mejor dicho, cada una ejecutaba una nota; y del conjunto de esos sonidos, sobre diversas octavas, resultaban aires monótonos y tristes. Los músicos de una de estas bandas llevaban sobre la cabeza una enorme corona formada de plumas de avestruz, y los bailarines estaban vestidos con trajes de arlequín (¿). Otro grupo se componía de hombres disfrazados con un inmenso bonete adornado de espejos y plumas de los mas vivos colores, sacadas a los mas brillantes pajaros de las regiones cálidas. Los miembros de una tercera banda de distinguían por un bonete chino, adornado de cintas y plumas coloreadas. Esos indígenas en el momento de la procesión, bailaban delante de los magníficos altares levantados en las cuatro esquinas de la plaza. Los indígenas bailaban y jugaban así sin descanso tres noches y dos días".

José Domingo Cortés, intelectual de nacionalidad chilena, escribió tres libros sobre Bolivia: un "Parnaso Boliviano", una "Estadística bibliográfica de Bolivia", y "Bolivia apuntes geográficos, estadísticos, de costumbres, descriptivos e históricos". En este último libro se ocupa de las danzas criollas o mestizas y autóctonas de Bolivia; en forma somera pero lo suficientemente informado para darnos un panorama del folklore del país, en lo que respecta al capitulo de la danza, que Crotes lo titula "Bailes caseros": " en los saraos de primer orden se bailan algunos bailes europeos, en los demás tienen lugar los alegres bailecitos llamados de tierra en algunas partes, y que necesitan mucha agilidad y gracia. En esta clase de bailes tienen gran fama las paceñas, que son las que mejor imitan a las chilenas y peruanas"

"En las fiestas publicas bailan los indios sin que los exite la alegría. Aun las reuniones privadas, en que celebran algún suceso feliz, se nota su carácter poco expansivo. En las danzas que tienen lugar en las reuniones privadas, en que se celebran algún suceso feliz, se nota su carácter poco espansivo. En las danzas que tienen lugar en las solemnidades religiosas, llevan los indios disfraces y adornos caprichosos: algunos tienen una mascara que figura la cara de alguna animal. Los Ayarachis llevan una especie de enagua y sombrero rodeado de grandes plumajes; tocan el instrumento llamado sicu que consta de nudos de caña colocados uno después de otros, y de cuyas aventuras están en una misma línea; el primero es mas grueso i mas largo que el segundo, este mas que el tercero i así los otros. Los llamados Danzantes llevan una capa tiesa que se asemeja a las alas de la mariposa, se compone de un armazón de madera, cubierta de paño grana, sobre el cual ahí algunas planchas delgadas de plata; el sombrero es del mismo metal. En la corva se ciñe el danzante una correa de la que penden otras perpendiculares, cuyo extremo inferior esta pegado a otra correa circular que corresponde al tobillo. El todo esta cubierto de gruesos cascabeles. El danzante lleva una espada corta en la mano derecha, i un broquel en la izquierda. Los danzantes son probablemente de un tiempo posterior a la conquista. Aunque el baile de los indios no carece de ritmo, nada tiene de gracioso y expresivo.".

"La música, tan monótona como el baile, no solo es melancólica sino lúgubre". "los guaiños son composiciones musicales en que se cantan cuartetas de versos de siete a ocho sílabas con el mismo estribillo; los de cada provincia tienen un aire particular que les distingue; la plebe los canta aun en las calles". "Son escasos en Bolivia los pascos, las tertulias, las representaciones teatrales y todas esas diversiones que estrechan los vínculos sociales".

"los indios de las inmediaciones de Santa Cruz emplean como adornos para sus danzas nocturnas, guirnaldas hechas de un colcoptero, llamado curucusi: este insecto tiene dos discos que en la oscuridad arrojan una luz brillante: los curucusis son joyas vivas a que no pueden igualarse las mas preciosas pedrerías".

Y en 1898, fines del siglo pasado. M. Rigoberto Paredes, incluye en su Monografía de la Provincia Muñecas, un capitulo referente a Danzas y Música Indígena. Paredes cita como bailes de la clase mestiza al "bailecito de tierra y los guaiños", y refiriéndose a los indígenas, hace las siguientes consideraciones: "pero lo que más llama la atención en sus festividades, son los bailes indígenas, y las costumbres excepcionalmente extravagantes de los callahuayas. Empero, la mayor parte esos bailes de la provincia son comunes a los indios aimaráes y quechuas de la república. De aquí es que, siguiendo una clasificación general sobre los bailes indígenas puede dividirse ellos en dos ordenes: unos legados por el coloniaje, o sea traídos de España; y otros propios de los naturales, transmitidos por sus antepasados. Es sensible que los mas grotescos y ridículos pertenezcan al primer orden: los danzantes, los huacatocoris, los catripulis, los pacoches, los tundunquis, y los morenos, son bailes peninsulares. El poder español le ha legado esos disfraces y adornos caprichosos, esas farsas ridículas que han envilecido al Indio".

A continuación describe a las danzas choquella, chiriguano, huacatocoris, subrayando como las mas singulares y usadas en esa provincia, y otras que no da el nombre, muy sencilla, que aun supervive en raras ocasiones del valle paceño y en la mayoría de las comunidades ya solo es un recuerdo. No lleva atuendo especial, "en su propio traje con las pantorrillas pintadas con yeso, su escudo y palo en la mano, esquilas en el trasero, consistiendo el lujo de levar la más grandes y sonoras; sacuden las esquilas y lanzan gritos agudos en cada vuelta que dan". Danza que incuestionablemente define el grado de civilización en que hemos dejado permanecer a algunos grupos indígenas de Bolivia.


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