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 Cultura :: Literatura
 
El Pensamiento

Una revisión detallada del pensamiento nacional sobre el hombre, la historia y la vida tiene que conllevar, si ha de pretender una apreciación ajustada a la realidad, en su contexto, una actitud necesariamente filosófica para preguntar qué son y hacia dónde apuntan esas ideas en Bolivia.

En Bolivia, como no podía ser de otro modo, escritores, políticos, profesores, ensayistas, periodistas, han escrito y propuesto tesis interesantes para explicar no solamente los orígenes del hombre boliviano, sino que han llevado su preocupación más lejos tratando de adecuar las especulaciones y conclusiones de pensadores extranjeros al modo de ser boliviano, teniendo en cuenta sus antecedentes históricos y su paisaje natural, vale decir humano y telúrico.

Para nadie es novedad que hasta no hace mucho tiempo, se vivía aquí y en otras naciones latinoamericanas, con los ojos puestos en Europa, ignorando, como no presente, la realidad de nuestros países, cuya existencia asume en nuestro9s días una presencia indiscutible en la consideración de los problemas culturales y políticos universales. La capacidad de imaginación y de captación del hombre americano comienza hoy, gracias a la expresión de su hábitat cultural en la literatura y la exposición de criterios en torno a la problemática universal del hombre y de su destino en la vida, a adquirir tal significación que ya no es posible, lógicamente hablando, prescindir de la consideración de América en el estudio y examen del hombre, la naturaleza y la vida. Del mismo modo se puede afirmar, y con el mismo grado de certidumbre, que tampoco se puede dejar de estudiar y mentar las contribuciones de Bolivia al conocimiento y divulgación de las cuestiones que en América y el mundo, conmueven el interés de la humanidad para resolver, en forma satisfactoria, los requerimientos vitales de la cultura, para explicitar las contribuciones del espíritu a la preservación del pensamiento respecto del hombre y su misión en el mundo.
Más aún, Bolivia ha contado siempre con ideólogos de prosapia original, que no se contentaron con recibir los esquemas mentales elaborados en otras partes sino que, contrariamente a toda suposición negativa o meramente repitente, supieron proyectar sus propias teorías a partir del "ser" real auténticamente boliviano, considerado en su propia "circunstancia" y producto, en cuanto tal, del acontecer universal, filosófico, político, económico, y, de modo particular, cultural. Muchos de nuestros ensayistas y pensadores han tenido, hasta el presente, el acierto de ofrecer trabajos de interpretación de nuestro acontecer tan completos como quizá sea difícil encontrar parangón en otros pueblos que todavía se encuentran, a pesar de todos sus adelantos tecnológicos, lejos del acervo cultural e histórico nacional que nos viene desde la arcana cultura tiahuanacota.

De esto arranca nuestro interés por esbozar el presente trabajo circunscrito no únicamente al período republicano, son o como conectado y lógicamente inferido de lo que fueron el paisaje, la tierra y otros ingredientes culturales, en la formación del hombre boliviano el que, a decir de muchos filósofos y sociólogos es arquetípico en cuanto expresión del Ande, tomado éste en su significación de paisaje telúrico-cultural.

"El hombre -nos dice Marvin Sandi- convive con la tierra, pero sólo cuando es capaz de escuchar las voces del silencio se le abre el camino hacia la libertad". Y, en efecto, el hombre y su concepción de las cosas sólo pueden alcanzar perdurabilidad, es decir respetabilidad, y más aún, conciencia de su propia existencia, cuando se vuelven sobre sí mismos y su " circunstancia" como aconsejaba Ortega y Gasset, para responder a los grandes interrogantes del "ser" y el "saber". Esta preocupación no tendría, como es de sentido común suponer, justificación si se abstraer de la objetividad próxima, cuando, dejando de ocuparse del hombre concreto y sus problemas, comienza a interesarse por la "esencia" metafísica del hombre o el "sexo" de los ángeles. El pensamiento, para ser verdadero, ha de referirse a hechos tangibles del acaecer diario a los problemas que la historias, la geografía, las ciencias, la economía, el arte, le plantean al hombre. Más todavía: a la forma o formas cómo el ser humano reacciona ante los apremios del espíritu en una época como la nuestra, signada por los síntomas de crisis más graves respecto del valor de toda la cultura. En consecuencia, toda historia del pensamiento tiene que tener en cuenta al hombre subsumido en su circunstancia, en su lucha permanente por descifrarla, por desvelar sus secretos, hasta lograr su propia liberación.

A este respecto, Vasconcelos escribió: "La realidad es que no hay almas sueltas que anden por allí, hechas de espíritu puro o de gaseosidad a lo espiritista; es el ser humano todo entero el que nace y vive en la tierra, luego resucita como el cuerpo espiritual, con cuerpo de esplendor como el de Cristo, es decir, sobre la materia y sus funciones vegetativas, conquista la incorruptibilidad. La salvación consuma el tránsito del compuesto humano terrestre a la persona salva, resucitada y adaptada a la inmortalidad; gracias a que el cuerpo se ha hecho incorruptible y glorioso".

La cultura americana y, por consiguiente, la cultura boliviana no nace con la llegada de los conquistadores españoles a la América. Antes, mucho antes, varias culturas, desde la legendaria de los tiahuanacotas, se desarrollaron en esta parte del continente.

La discusión acerca del origen del hombre americano no ha sido resuelta aún y, en la variada gama de proposiciones sugeridas, no está ausente la que cree en el carácter autóctono de las razas y pueblos que, a tiempo del descubrimiento de América por Cristóbal Colón existían en América.

Una prueba evidente de que, en el escenario limite del altiplano y el Ande tuvieron lugar culturas antiquísimas, está no en el acto de sometimiento del imperio incaico ante el poder de Francisco Pizarro y sus soldados, sino en la asombrosa arquitectura milenaria de Tiahuanacu, con su Puerta del Sol y sus monolitos colosales dominando toda la extensión de la altipampa. Por ciertos signos, claves y sentido del grabado en ciertas esculturas, muchos arqueólogos y mitólogos incluso se atreven a sostener que los artífices de esa cultura legendaria habrían sido no los seres terrestres, sino otros misteriosos personajes alados venidos de otros planetas, dando, así pábulo a las ya muy generalizadas suposiciones respecto a la existencia de vida en otros planetas. Hay quienes, exagerando acaso tal posibilidad, afirman que la cultura terráquea sería una de las más atrasadas entre muchas altamente avanzadas existentes en el infinito universo.

Consonante con esta exposición, Guillermo Francovich sostiene: "Bolivia es uno de los países sudamericanos de más rica tradición cultural..." " Muy cerca del lago Titicaca y a pocos kilómetros de La Paz se encuentran las ruinas de Tiahuanacu, manifestaciones de una cultura enigmática, cuyo elevado grado de evolución se puede adivinar por los conocimientos científicos y la técnica que revelan. La antigüedad de esas ruinas es tal que ya los Incas, cuando llegaron a conocerlas, no recogieron de los pobladores de la región sino informaciones de carácter mitológico. Los templos, los monolitos, las escalinatas habían sido construidas y ocupadas por gigantes en el curso de una prolongada noche que hubo sobre el mundo y abandonados cuando volvió a lucir el sol. Las ruinas de Tiahuanacu constituyen uno de los problemas más fascinantes del pasado de la América del Sur. Su existencia permite las más atrevidas hipótesis sobre la vida del hombre en nuestro continente. Y al mismo tiempo su fuerza sugestiva se proyecta hacia el futuro. Muchos escritores bolivianos piensan que deben ser una fuente de inspiración por lo menos en lo que se refiera a la estética nacional .El prestigioso escultor argentino Luis Perlotti, después de visitarlas llegó a decir que la América del Sur debería tener en ellas su Partenón ".

Es natural, y este es un asunto fuera de discusión, que el hombre es producto de su medio, resultado de los ingredientes de su pasado, de su paisaje, o, lo que es lo mismo, de su "circunstancia".
Las primeras informaciones sobre los pobladores de esta parte del mundo se refieren a la existencia de colectividades rudimentarias en las que, los mismos fenómenos de la naturaleza, no podían ser explicados racionalmente, pues sus pobladores, los indios, atribuían a tales fenómenos, poderes extraordinarios, mágicos, haciendo depender de ellos su propia existencia.

Ocupándose de este problema, Francovich anota: "Los indios vivían dentro del mundo en una especie de inmersión mística y mágica. Para ellos las piedras, las montañas, las fuentes, los animales, los astros y los meteoros eran objetos animados, dotados de vida y de poderes maravillosos. Estaba en ese estado del pensamiento para el cual las fuerzas naturales son manifestaciones de una voluntad que poseen todos los seres del mundo, voluntad caprichosa y arbitraria que no está sujeta a orden alguno. Carecían, por lo tanto, de los elementos indispensables para llegar a la concepción del mundo como una realidad ajena a ellos mismos".

Luego añade: "Los indios veían, sin duda, la tierra, los montes, los astros pero no podían concebir las cosas como una totalidad y como una unidad independiente del hombre. No podían tener idea del "universo" . Por consiguiente, tampoco podían llegar a la concepción de una causa primera, creadora de ese universo que eran incapaces de concebir".

Muy posteriormente, la aparición de la civilización incaica y la imposición de su dominio sobre los pueblos constituídos en las proximidades del lago Titicaca y las serranías de los Andes, significó una modificación substancial del pensamiento indígena y su absorción en el culto al Sol y la distribución comunitaria de la tierra a través del "ayllu" aymara.

"Sin embargo -nos dice Francovich - es evidente que, con el predominio de los incas, que fueron imponiendo la mitología heliocéntrica peculiar al grupo social de que salieron, se inició la marcha hacia la uniformidad religiosa de los pueblos andinos. Para ello contribuyeron dos factores: el hecho de que la mayor parte de los pueblos de las sierras incluía entre sus " huacas" al sol; y, la unificación política que creó una autoridad central y una jerarquía gubernativa. Ambos factores predispusieron a la aceptación de una mitología común a todos los pueblos sojuzgados y en la cual le correspondía al sol un lugar central y la jefatura del orden mitológico".

Refiriéndose al "Ayllu" en la organización 'político-económica de los incas, Francovich escribe: el pueblo incaico fue una gran reunión de ayllus. Y el mismo imperio podría decirse que fue un ayllu gigante. La organización política alcanzó en verdad, una gran complejidad y un gran vigor bajo el gobierno de los incas. Pero no perdió su característica esencial en virtud de la cual el hombre se hallaba sujeto a la colectividad, sin personalidad y sin iniciativa, como fragmento de la masa social y de la gran masa que era para los indios la naturaleza ".

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