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 Cultura :: Arte
 
Arquitectura del Siglo XX

La entrada del siglo XX no marca en Bolivia un cambio de estilo en las artes, pues se continúa con el eclecticismo de fines de siglo. Podemos sin embargo indicar que el eclecticismo de tipo académico francés es el que va triunfando a partir de la primera década de siglo hasta asentarse definitivamente entre 1910 - 1930 en toda la república, especialmente durante la época de bonanza económicas de los gobiernos liberales de Montes y Villazón (1904-1917) en que se construyeron numerosos edificios públicos. Se ignoraba durante esos años que Europa y Estados Unidos, se llevaba a cabo una renovación de la arquitectura con las tendencias del "Art Noveau", el modernismo, el funcionalismo y los primeros pasos del organicismo. Mientras Le Corbusier, Wright, Gropius, etc. Realizaron sus obras de avanzada en el periodo de 1910-1930, en Bolivia se hacía una arquitectura fiel a los principios de "Beax Art" con la excepción de algunos edificios eclécticos.

Con el traslado definitivo de la sede de gobierno a La Paz esta fue la ciudad que más progresó y así en los primeros diez años de esta centuria, se construyeron los edificios del Congreso y la Casa de Correos (Hoy Prefectura departamental). El primero de dicho edificios reemplaza al antiguo Loreto demolido en el último tercio del siglo XIX. Su composición se desenvuelve alrededor del vestíbulo de mármol. La fachada muestra un orden colosal de estilo corintio que abarca ambos pisos. En conjunto el congreso es un edificio que corresponde a las tendencias academistas en boga.

La casa de Correos (hoy Prefectura) tiene dos cuerpos. Lo más notable son sus fachadas: un piso zócalo almohadillado sirve de base al cuerpo superior, en él pilastras corintias enmarcan balcones cuyas ventanas rematan en frontones partidos. El estilo de este edificio se puso de moda y buena parte de las casas de la ciudad corresponden a este modelo. En la Paz y dentro del academicismo reinante Adán Sánchez, la más destacada de ellas es el Palacio de Justicia.

Sin duda el mejor edificio de este periodo es el Palacio de Gobierno en Sucre realizado en las últimas décadas del siglo XIX. Es obra de Julio Pinkas. La composición alrededor de un núcleo central tan característica del estilo académico se halla bien resuelta. La fachada podría aparecer en cualquiera de las "medallas" de Beaux Art. Pinkas hizo otras obras en Sucre, huellas de su estilo se notan en el incluso teatro Lírico.

Desde la desaparición de Adán Sánchez y Julio Pinkas hasta el advenimiento del funcionalismo los arquitectos más importantes de Bolivia son Julio Mariaca Pando y Emilio Villanueva. El primero sigue la tradición académica y cierto eclecticismo. Villanueva tiene dos etapas en su carrera, en su juventud busca un estilo nacional inspirándose en el arte virreinal primero y en la arquitectura tihuanacota más tarde en este estilo seudotihuanacota hace el Stadium La Paz y la Universidad de San Andrés. Su segunda etapa se caracteriza por la fundación de la Escuela de Arquitectura en la Universidad de La Paz y su adhesión al funcionalismo.

Para el año de 1950 quedaron muy pocos arquitectos estilistas en Bolivia, sin embargo esta tendencia no desapareció totalmente, y se puede ver en el Hotel de Potosí proyecto del arquitecto argentino Martín S. Noel y en el nuevo edificio de San Francisco de La Paz diseñado del mismo arquitecto. Ambos son desmesurados y constituyen notas arcaicas de un estilo que no pudo plasmar. Un escultor del "estiló colonial" en Bolivia fue Mario del Carpio, autor del edificio "Cadeja".

En La Paz los arquitectos que más obras han proyectado desde 1940 son los arquitectos Luis Alberto Iturralde. Ambos hicieron estudios en la escuela de Beaux Art de parís hacia 1926. Llegado al país iniciaron su obra bajo la influencia del cubismo y es a través de sus proyectos que se puede analizar la evolución de nuestra arquitectura en los últimos veinticinco años. Sus obras más importantes son el Hospital Obrero y el Edificio de Yacimientos Petrolíferos Bolivianos, este último refleja, al igual que todas las últimas obras de los Iturralde gran influjo brasilero.

Ernesto Pérez Ribero muestra una arquitectura apegada a las tendencias europeas especialmente franco-alemanes. Sus obras más importantes son la Escuela Industrial "Pedro Domingo Murillo" y, en colaboración con Luis Villanueva, el Coliseo Cerrado de La Paz. Luis Herrín Pando es poseedor de un arte sobrio adecuado al medio aunque formado en el funcionalismo. Entre sus obras destacamos el Club de tenis de La Paz y el edificio de la Facultad de Medicina de La UMSA.

En la última generación hay que mencionar a Gustavo Mediros, quien junto a Franklin Anaya proyectó la ciudad universitaria de Oruro, la cual por su ajustada incorporación al paisaje, parece ser la obra arquitectónica más significativa de los últimos veinte años. Ambos arquitectos muestran las posibilidades de la escuela de Cochabamba donde han destacado proyectistas basados en el organicismo.

La arquitectura religiosa tuvo hacía los años cuarenta un repunte con la obra de René Paz, plasmada en las iglesias de Villa Victoria y Cristo Rey. Modernamente la Iglesia mejor lograda es la de Santa María en Mira flores. Salvo esta excepción la arquitectura religiosa ha caído nuevamente en el eclecticismo finisecular cuando no en la construcción de simples galpones. La arquitectura de monumentos está representada por el monumento a la revolución Nacional, obra de Hugo Almaraz. Discreto en su decoración y proporción está influido por la arquitectura precolombina.

La escultura en el siglo XX.- Durante el siglo XX la escultura polícroma de tradición hispánica entre en franca decadencia, relegada por una sociedad laicista que prefiere los mármoles importados de Italia. Consecuentes con esta tendencia varios artistas viajan a Roma, siendo el primero de ellos Urías Rodríguez, quien parte en 1918, permaneciendo en Italia nueve años. Su obra es de inspiración post-romántica como puede verse en el monumento a Maximiliano Paredes. Otro artista que viaja a Roma es Alejandro Guardia, quien a su regreso de Bellas Artes de la Paz y Cochabamba.

Marina Núñez del Prado es sin duda la figura dominante de la escultura boliviana y una de las artistas más notables de América. Cuando ella iniciaba su carrera, nació por iniciativa de Guzmán de Rojas un fuerte movimiento indigenista; las obras artísticas nacidas al calor de esta tendencia mostraban una fuerte estabilización. La simpatía, de la cual ella también llegó a se uno de sus lideres estéticos, Le permitió liberarse de la formación académica que había recibido.

Al principio la obra de Marina muestra dos diferentes técnicas, una en los retratos y otra en las figuras estilizadas que la caracterizan. Sus retratos son magníficos pudiéndose citar entre los mejores, su autorretrato, el retrato de su madre. En la otra línea su arte evoluciona constantemente hasta crear algunos tipos que son sin duda alguna, lo más representativo del arte nacional. Sus grupos de bailarines, con formas concresionadas, lindas en el arte abstracto, sus "madonas" sintéticas, huyeron de la realidad sin negarse nunca a ella, son lo más característico de su producción. En los últimos años una serie de torsos femeninos, d forma tan levemente insinuadas, marcan su creciente camino de estilización.

Similar al estilo de Marina es el de Emiliano Luján en sus representaciones de animales y otros temas. Su obra más representativa en esta línea es la "Chulpa" sin embargo Luján ha destacado ante todo como ejecutor de estatuas, destinadas a monumentos realizados con una técnica post-romántica, tal el caso de "abarca", "Tupac Katari" y su controversia representación del soldado Desconocido. Entre los escultores de avanzada cabe señalar a los hermanos terrazas y a Rodríguez notable por sus representaciones en hierro. Es notable dentro de esta línea el "Cristo" de Gil Imaná, hecho de chatarra, e inspiración en Guevara. Obra de gran dramatismo llega casi a la unción religiosa. Estas obras de vanguardia no descartan a los seguidores tardíos de la piedra estilizada como Zapana y Callizaya.

La pintura Boliviana contemporánea Durante gran parte del siglo XIX, la pintura boliviana estuvo aletargada dentro de formas académicas que repetían moldes y modelos. La llegada del siglo XX señala una renovación; García Mesa, Nogales y Dávalos son los precursores de la nueva pintura. Estos tres artistas, no totalmente desprendidos de la tradición académica, se acercan a la naturaleza y toman interés por temas bolivianos. Después de ellos aparecen dos grandes figuras del siglo XX. Arturo Borda (1900-1950) solitario e incomprendido y Cecilio Guzmán de Rojas (1899-1950) cuya influencia fue considerable.

Borda era un pintor realista, enemigo de los "ismos"; su arte está influido por la renovación poética parnasiana y modernista que para Hispanoamérica tiene sus orígenes en Rubén diario y el Boliviano Ricardo Jaimes Freyre, siendo otra de sus exponentes Franz Tamayo. Al final de su vida incursiona en el "pop ´art", Borda no fue considerado por la sociedad de su época y sólo vendió un cuadro en su vida. Su arte ha sido revalorizado a partir de 1960.
Contemporáneo de Borda es el cruzeño Armando Jordán, pintor independiente que produce un arte de fuerte raigambre local dentro de lo que hoy se conoce como pintura ingenua o "nabi". Su "Carnaval de antes " y "Carnaval de hoy", el "Velorio" y otros lienzos nos hablan de algo que se fue con un lenguaje directo y sin pretensiones.

Guzmán de Rojas tuvo éxito desde muy joven. Nacido en Potosí y becado en España, donde estudió durante diez años, a su regreso a Bolivia fue nombrado Director de Artes Plásticas, puesto desde el que influyo en las nuevas generaciones de artistas bolivianos. Su acierto fue descubrir al indio como temática y valorizarlo pese a pertenecer a un estrato social hasta entonces preferido, Guzmán revalorizó la pintura virreinal realizada en el Ande durante la dominación de española y, con ocasión de la guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, pintó una serie de lienzos expresionistas que son una protesta contra una guerra fratricida y en general contra el belicismo. Toda su vida trabajó en la estabilización progresiva del indio, hasta hacer de él u "objeto estático".

A la muerte de Guzmán de Rojas, la pintura boliviana se divide en dos grupos que responden a tendencias diferentes. El primero sigue la línea del abstraccionismo y pretende dar a la pintura boliviana valores universales.

El segundo grupo está dentro del realismo social. Algunos de los artistas que militan en estos grupos se formaron con Guzmán de Rojas, Otros recibieron su formación de Juan Rimsa, pintor emigrado cuya influencia en los años cuarenta fue notable. En el grupo de pintores abstractos puede señalarse a María Luisa Pacheco, Maria Esther Ballivián, Oscar Pantoja y Alonso La Placa. Los pintores sociales tienen dos centros de actividad: La Paz, con Alandia a la cabeza, y el grupo "Anteo", en Sucre, compuesto por Solón Romero, Gil Imaná y lorgio Vaca. El grupo de Alandia está muy influido por la pintura mejicana, en especial por Sequeiros, el grupo de Sucre es más independiente. Ambos han realizado importantes murales.
Del choque entre ambas tendencias, la abstracta y la social, nace una nueva pintura, figurativa, pero no realista, que busca su inspiración en temas nacionales. Sobresaliendo en este nuevo enfoque María Luisa Pacheco, quien pese a sus postulados de un arte universalista, se inspira en temas altiplánicos. Una previa formación con Cecilio Guzmán aflora en la Pacheco durante los primeros años de la década del cincuenta. Actualmente esta artista trabaja en Nueva York. Gil Imaná también deriva de un arte de inspiración nacional, con una técnica depurada; sus "Muñecos de durazno" sus "paisajes" y sus "Niñas Indias" han conseguido mantenerse vigentes junto a las pinturas de avanzada. Enrique Arnal es otro artista importante del grupo; Charangos" "Chozas Altiplánicas" y sus diferentes de las ruinas del kalasasaya lo colocan entre los pintores más cotizados en el país. Otro artista del grupo son Ester Ballivián, Agnes, Antonio Mariaca y Zoilo Linares, este último, ya desaparecido, impacta con masas revolucionarias, donde cada personaje parece un muñeco de barro sobre un escaparate de sangre. En esta década (1954-1964) también destaca Chiri Barrientos.

Entre los años sesenta aparece una nueva generación de pintores, algunos de ellos dentro de una tendencia abstracta bastante depurada, como David Pringle, Herminio Forno y Rojas Lara, que siguen los derrotes trazados por Alfredo la Placa. Sin embargo, el más destacado entre los nuevos es Alfredo da Silva que inicia como pintor abstracto pero que ahora trabaja con objetos móviles. Dentro de la misma línea de avanzada está Rudy Ayoroa, quien es uno de lo actuales valores de la pintura boliviana. También puede considerarse en este grupo a Jordán.

La pintura nacionalista deriva en un arte figurativo dentro de la línea hispanoamericana. En esta tendencia siguen vigentes pintores como Imaná, que alterna con nuevos valores como Ricardo Pérez Alcalá y María Teresa Berríos, cuyos cuadros interpretan paisajes e individuos socialmente marginados. Otro Artista importante es Luis Zilvetti, con un mundo de figuras grotescas equiparables a las del colombiano Botero, Gonzalo Ribero, con su pintura cargada de materia, Antezana, Mendieta, Montes y Rodo también están en este grupo figurativo. Más universales en su protesta al mundo actual son Kuramoto y Jaimes.

Los artistas figurativos de Bolivia muestran una pintura triste, muchas veces monocromas, como síntoma de una angustia continua. Algunos artistas usan colores crudos como un grito, dentro de ese panorama gris tal el caso de Rimassa. Asimismo, hay una diferencia entre los pintores del altiplano, con su paisaje ocre y gris y los pintores del valle y del trópico. Los primeros suelen ser severos, sobre todo en el color; lo segundo, exuberantes como Lorgio Vaca. Los pintores bolivianos que desarrollan su arte fuera del país son más dúctiles y se alinean en posiciones de avanzada, aunque sin perder nunca el contacto con la tierra donde nació su primera inspiración.

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