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 Cultura :: Arte
 
Holguin y la Escuela Potosina

El último manierista potosino es Nicolás Chávez de Villafuerte (trabaja hacia 1660), contemporáneas suyos son dos pintores representantes de las nuevas tendencias: Francisco López de Castro y Francisco de Herrera y Velarde, este último, extremeño de nacimiento. Castro está muy apegado a la escuela sevillana, la influencia de Murillo es patente en él. Herrera, en cambio, es zurbanesco, muy amigo del claroscuros, con fuertes luces y sombras. Por su dureza, es casi caravagiesco. Los maestros de esta generación son los responsables de la línea de la escuela potosina, muy diferente de las otras escuelas del virreinato, como la del Collao y la cuzqueña, ambas con una estética planista y amigas de figuras idealizadas que en última instancia derivan del manierismo. Para este tiempo, Charcas y Lima, centros del italianismo renacentista, habían decaído totalmente y se surtían de los maestros potosinos y cuzqueños, respectivamente.

Junto a uno de esto maestros, Castro o Herrera se formó el pintor barroco más grande del virreinato: Melchor Pérez de Holguín, oriundo de Cochabamba, va muy joven a Potosí, donde aprende el arte de la pintura. Nacido hacia 1660, firma su primer cuadro conocido en Villa Imperial en 1687, sin embargo, hay constancia des que nueve años antes tenia taller montado en la ciudad. La obra de Holguín se puede seguir paso a paso hasta el año 1724, en que firma su última serie. Se casó en la villa y allí tuvo sus dos hijos, al parecer nunca salió de ella, pues aún los cuadros que se hallan en la ciudad de La Plata (Sucre) están firmados en Potosí. A su muerte dejó numerosos discípulos e imitadores. Cien años después se lo recordaba con el apodo "brocha de oro".

"Uno de los valores interesantes en el maestro potosino es la creación de un mundo pictórico peculiar. Era difícil en el siglo XVII, por una tradición cerrada ya y sobre todo por la copia de modelos, ajenos a la apropia mano el sacar productos personales. Pese a ello, Holguín ha logrado tipificar todos los personajes que traslada es lienzo... Sea por devoción imperante, o por gusto personal la mayor parte de la obra holguinesca representa ascetas o místicos. Ello les ha llevado a la creación de dos tipos específicos, sus ascetas de rostro duras, en el que acentúan entrecejos, órbitas, maxilares, narices afiladas y sobre dibuja la red circulatoria. Los místicos, en cambio, de faz más suave, apenas si conservan de sus hermanos, los ascetas, el hundimiento orbital y una tenue palidez... En el conjunto de la obra de Holguín, lo que llama la atención es su composición y el achatamiento de su mundo y sus figuras. Es ese achatamiento, ese enanismo, a veces llevado como en los grandes cuadros, hasta lo inverosímil, lo que da fuerza a s su pintura y a su firmación plástica. No podía darse en otra parte del mundo esa estilización pictórica, sino precisamente en el Ande agreste duro, rodeado de altas cumbres, con nieves eternas donde soplan los vientos y donde la vida, casi desconocida, se refugia en sus formas más elementales. El hombre se siente, aquí abrumado por la Naturaleza, por su hostilidad, por su magnitud, y entonces se siente pequeño, se achica, y se refugia en lo recóndito del espíritu, solo frente a Dios y a su tremenda magnificencia expresada en la creación...".

En la pintura de Holguín se pueden distinguir tres épocas, la primera gris con una temática casi exclusiva de monjes y ascetas. Hacia 1708, con las grandes composiciones des San Lorenzo, su paleta se ilumina. A este periodo pertenece la serie de la Merced de Sucre. Hacia 1714, su pintura se hace más suave, el achatamiento de sus figuras se acentúa. Son de este periodo las varias series de evangelistas y sagradas familias con idílicos paisajes, donde se patentiza la influencia del grabado flamenco.

Uno de los cuadros más característicos de su primera época e s el des Cristo dando de comer a San Pedro de Alcántara. Típico de su estilo es el "San Juan de Dios", donde las flores y los panes hablan del realismo de su pintura. La pincelada suelta y la expresión de las figuras hacen de este lienzo una obra maestra. Entre los evangelistas cabe destaca el San Juan y entre los cuadros de su última época, el "Descanso en la Huida a Egipto".

Entre los discípulos des Holguin, el más destacado es Gaspar Melchor de Berrío, nacido cerca de Potosí, en el pequeño pueblo de Puna, el año de 1708. Sus primeras obras son muy apegadas al maestro, pero poco a poco va a creando un estilo propio, relacionado con las escuelas pictóricas mestizas del Cuzco y del lago. Sus cuadros de transición, como el "Patrocinio de San José", en el convento de las Mónicas, en Potosí, muestra dos planos, uno terrenal, donde las figuras están estructuradas a la manera de Holguín y otro celeste, con figuras ingenuas y luminosas muy próximas a las escuelas de Collao y Cuzco. Berrío abandona la manera holguinesca para sumirse en la pintura convencional, revestida de oro, es un maestro singular que trabaja hasta 1761. Su "Adoración de los Pastores y los Reyes", así como la "Coronación de la Virgen" son lo mejor de su producción.

Contemporáneo a Berrío es el indio Luis Niño, ladino en lengua española, se titula pintor y escultor en madera, oro y plata. Las dos obras que de él se conocen, amabas representando a la "Virgen de Sabaya", muestran ese estilo convencional tan del gusto indígena, al cual se pliega Berrío. La "Virgen de la Fuencisla" puede dar una idea del arte de Luis Niño, aunque las obras de este maestro son más planiformes. Es la nueva ética de un barroco americanizado. Niño, además de trabajar para el obispo de Charcas, trabaja para los mitayos de San Lorenzo, indios de Carangas como él.

Los otros seguidores de Holguín son imitadores más o menos serviles, carentes de genio. Los más destacados son Nicolás Ecoz y Joaquín Carabal. Los maestros anónimos que copian las características de Holguín son legión.


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